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La voz crítica: esa forma dura en la que nos hablamos


Muchas personas viven con una voz interna que juzga, exige y señala errores constantemente. A esta se le conoce como la voz crítica. Aunque suele pasar desapercibida, influye de manera profunda en la autoestima, el bienestar emocional y la forma en que nos relacionamos con los demás.


La voz crítica es ese diálogo interno negativo que aparece en forma de pensamientos como: “no soy suficiente”, “siempre lo hago mal” o “debería ser mejor”. No es una voz real, pero se siente muy convincente y suele surgir de experiencias pasadas, exigencias externas o aprendizajes tempranos.


En muchos casos, la voz crítica se forma a partir de mensajes recibidos en la infancia, comparaciones constantes, expectativas poco realistas o experiencias de rechazo. Con el tiempo, estos mensajes se internalizan y se convierten en una forma automática de tratarnos a nosotros mismos.


Aunque resulte dolorosa, la voz crítica suele tener una intención protectora: evitar el error, el rechazo o el fracaso. El problema aparece cuando esta voz se vuelve excesiva y deja de motivar para empezar a limitar y generar malestar.


Cuando la voz crítica domina el diálogo interno, puede provocar:

  • Baja autoestima

  • Ansiedad y culpa constante

  • Miedo a equivocarse

  • Dificultad para tomar decisiones

  • Sensación de no ser suficiente


El objetivo no es eliminar la voz crítica, sino cambiar la relación que tenemos con ella. Algunos pasos importantes son:

  • Identificar cuándo aparece y qué dice

  • Reconocer que no es una verdad absoluta

  • Practicar un diálogo interno más compasivo

  • Sustituir la autoexigencia por comprensión

Hablarse con respeto no significa conformarse, sino acompañarse de una manera más amable y realista.


Desarrollar autocompasión implica tratarnos como trataríamos a alguien a quien queremos. Esto permite reducir el impacto de la voz crítica y construir una relación interna más sana y equilibrada.


La voz crítica forma parte de la experiencia humana, pero no tiene por qué dirigir nuestra vida. Aprender a escucharla sin obedecerla ciegamente es un paso clave hacia el bienestar emocional. Cuando cambiamos la forma en que nos hablamos, también cambia la forma en que nos sentimos y actuamos.

 
 
 

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